Cuando el perro marca un camino desgastado en la hierba junto a la valla

Ilustración de un paisaje

Basta un poco de tiempo para que aparezca una franja de tierra desnuda a lo largo de la valla del jardín. Es el recorrido del perro, que patrulla cada día el mismo trayecto para vigilar lo que pasa al otro lado: una persona que pasa, otro perro, un coche. Es una conducta natural y no hay que preocuparse por ella, pero sí se puede organizar el jardín para que el césped sufra menos.

Lo primero es aceptar que el camino no va a desaparecer del todo mientras el perro siga vigilando. Se puede, en cambio, suavizarlo: una franja de grava fina, de corteza o de piedras planas a lo largo de la valla convierte la tierra en un paseo limpio que no se embarra con la lluvia. Al perro le da igual el material, y a ti te ahorra barro en casa.

Ofrecer otra cosa que hacer

Un perro que patrulla mucho suele estar aburrido o vigilar en exceso. Ofrécele otras actividades en el jardín: un hueso para masticar, un juguete relleno o un juego de olfato con premios escondidos en la hierba. Así reparte su atención y se cansa de otra forma, y la franja junto a la valla se recorre menos.

También puede ayudar tapar la vista. Una pantalla de bambú, una hilera de plantas altas o un panel de madera en el tramo de la valla que más le interesa reduce lo que el perro ve y, con ello, las ganas de correr de un lado a otro. Elige plantas resistentes y colócalas algo separadas de la valla, para que el perro no las pise.

Cuando el césped se estropea, se puede resembrar al final del verano en las zonas que el perro ya no pisa tanto, y proteger esos tramos con una cuerda baja mientras crece la hierba. Con paciencia, el jardín encuentra un equilibrio entre el perro y el césped, y el camino junto a la valla se queda en una franja ordenada y fácil de cuidar.